
El nombre de monseñor Stephen Rossetti aparece en el vídeo como prueba de que habría una operación más amplia contra los exorcistas que hablan públicamente del demonio. Su caso es real, pero conviene describirlo con exactitud antes de usarlo para sostener una conclusión general.
El 3 de junio de 2026, la Arquidiócesis de Washington anunció que el cardenal Robert McElroy había retirado a Rossetti de su función como exorcista de esa arquidiócesis y había terminado la relación institucional con el Centro de Renovación Espiritual de San Miguel, con sede en Washington. Rossetti es sacerdote de la diócesis de Syracuse, Nueva York, y su situación no equivale a una expulsión del sacerdocio. La declaración oficial se refirió a comentarios que vinculaban los ovnis con una presencia demoníaca y al uso reciente de las redes sociales por parte del centro.
El asunto había cobrado notoriedad después de que Rossetti publicara un vídeo sobre ovnis y posibles manifestaciones demoníacas. En declaraciones recogidas por Associated Press, sostuvo que, en su opinión personal, muchos avistamientos podían tener esa explicación. La arquidiócesis consideró que esas afirmaciones socavaban gravemente la enseñanza precisa de la Iglesia sobre el diablo, los demonios y el exorcismo.
Rossetti respondió públicamente que lamentaba la decisión y pidió perdón por cualquier forma en que no hubiera sido fiel a la enseñanza del magisterio, particularmente en el vídeo citado. Esa reacción importa: muestra que el caso no puede reducirse a una historia sencilla de un sacerdote castigado por revelar secretos. Las fuentes documentan una disputa sobre la forma de hablar públicamente de ovnis, demonología y exorcismo, así como sobre la presencia del centro en redes sociales.
El vídeo original tomado como fuente de este expediente, une este episodio con la pausa solicitada a Ripperger y propone que ambos forman parte de una misma campaña contra los exorcistas tradicionales. La similitud existe en un sentido limitado: ambos casos involucran sacerdotes conocidos por hablar de demonología ante audiencias amplias y decisiones de autoridades eclesiásticas sobre su actividad pública. Pero las decisiones no son idénticas. Rossetti fue retirado de una función concreta y se cortó la afiliación institucional con su centro; Ripperger recibió una petición de pausa de un año en charlas e entrevistas, que acepó, y la arquidiócesis dijo que continuaba siendo sacerdote en situación regular.
Dos casos pueden justificar preguntas sobre cómo la Iglesia supervisa a los exorcistas y qué lugar deben ocupar los medios sociales en ese ministerio. No bastan, sin evidencia adicional, para demostrar una estrategia centralizada de silenciamiento ni para confirmar que las medidas estén relacionadas con acusaciones de corrupción interna.
La comparación responsable no elimina la controversia. La ordena. Primero los documentos, después las interpretaciones y, finalmente, las conclusiones que la evidencia permita sostener.
Recopilación
El PELADO Investiga
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