ESCUCHA EL #EXPEDIENTE Nº 30 | 23.02.2024

MERIDIANA, EL SÚCUBO QUE GOBERNÓ EL CORAZÓN DEL PAPA SILVESTRE II

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En los anales de la historia, los demonios y vampiros no eran simples habitantes de cementerios y camposantos, sino que también se insinuaban en las cortes medievales, se infiltraban en cada convento y buscaban refugio en bibliotecas. Incluso el propio Vaticano no escapó a su presencia. 
Una figura legendaria que personifica esta presencia demoníaca es Meridiana, un súcubo, un espíritu femenino conocido por su inclinación al desenfreno amoroso. Monjes, obispos, cardenales e incluso el mismísimo pontífice le temían.

La historia de Meridiana fue documentada por Walter Map en su obra "De Nugis Curialum" en 1185, que traducido significa "Las bagatelas del cortesano". En esta obra, propone la intrigante teoría de que Meridiana fue amante, amiga, consejera y confidente del matemático y erudito Gerberto de Aurillac, quien más tarde se convertiría en el Papa Silvestre II, conocido como el “Papa del Milenio” debido a su breve pero agitado pontificado entre 999 y 1003.

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→ INTRIGA en el VATICANO: el OSCURO ROMANCE entre MERIDIANA y el PAPA SILVESTRE II

El relato se remonta a los días de juventud del pontífice, cuando era un joven sacerdote profundamente enamorado de la hija del preboste de Rheims. Este amor no correspondido, sumado a sus votos de castidad y su apariencia poco agraciada, lo sumió en la desesperación. Fue en este estado de desaliento que conoció a Meridiana, quien le ofreció riqueza, sabiduría y, sobre todo, su propio cuerpo perfecto, con la condición de que él le fuera fiel incondicionalmente.

El joven sacerdote aceptó esta oferta, y su carrera eclesiástica ascendió vertiginosamente. Pronto se convirtió en el Arzobispo de Rheims, luego en Cardenal, posteriormente en Arzobispo de Ravena y, finalmente, en Papa. A lo largo de su vida, mantuvo en secreto su relación con la súcubo. Walter Map, con lógica, observa que las fuerzas infernales a veces actúan no por propio interés, sino por un amor sincero hacia los mortales.

Meridiana se enamoró profundamente del “Santo Padre” y mostró tolerancia hacia algunas de sus infidelidades, como la que tuvo con la hija del preboste de Rheims, quien de repente se sintió atraída por él después de su ordenación como papa. La relación entre Meridiana y Silvestre II se describe como ideal. Estimulaban intelectualmente durante el día y compartían momentos íntimos por las noches. Según los demonólogos, la presencia sobrenatural de un agente diabólico fortalecía y otorgaba de vitalidad a los hombres de fe.

Un día, antes de partir hacia Oriente, Meridiana experimentó una visión aterradora en la que profetizó la muerte de su amante, prediciendo que moriría mientras celebraba una misa en Jerusalén. Consciente de su inminente destino, el Papa Silvestre II confesó públicamente sus pecados y se arrepintió. Luego partió rápidamente, donde, como predijo su amante del inframundo, falleció al concluir la misa. Su cuerpo fue llevado de regreso a Roma en medio de lamentos y procesiones fúnebres. Ni siquiera los lacayos papales lograron persuadir a Meridiana para que abandonara la procesión.

Poco después, ella también encontró la muerte. En un concilio secreto, un grupo de sacerdotes con mentalidad más flexible decidió que, a pesar de ser antinatural y teológicamente injustificable, el amor entre ellos era puro en su esencia. Como resultado, el cuerpo de Meridiana fue colocado junto al de Silvestre II en la basílica de San Juan de Letrán.

Los que han tenido acceso a la cripta, afirman que, emana un denso vapor oscuro de la tumba común, anunciando la muerte del Papa. Walter Map, menos piadoso, sostiene que durante las noches se escuchan gemidos extraños y golpes provenientes del sarcófago, acompañados de un sudor que se condensa en el mármol sagrado. La interpretación de este misterio queda en los oscuros pasillos vaticanos.

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