ESCUCHA EL #EXPEDIENTE Nº 125 | 16.01.2026

DIOS ES UNA MUJER DESNUDA

En 1988, después de diez años sin grabar un álbum de estudio, la legendaria banda argentina “Vox Dei” volvió con un disco que parecía llevar en su título la verdad más íntima de su trayectoria: “Tengo razones para seguir”. Entre ese regreso musical surgió una canción de espíritu desconcertante y belleza cruda: “Dios es una mujer desnuda”, compuesta por los miembros del grupo y colocada como cierre de un disco que exploraba temas existenciales, personales y sociales.

Vox Dei, banda nacida a fines de los años sesenta en Quilmes y considerada fundamental en el rock argentino, había pasado por infinidad de transformaciones, cambios de formación y búsquedas artísticas atrevidas. Su historia de compromiso con cuestionamientos filosóficos y religiosos no era nueva, pero en este tema en particular ese impulso se transforma en una metáfora brutal y enigmática.

La letra de la canción invita a un viaje interior que se parece más a una peregrinación que a una búsqueda teológica. El narrador recorre “el fondo del mar” y el “cuerpo astral”, intentando hallar a Dios, sin encontrar rastro alguno. Sube al techo de la catedral, grita, intenta llamar, pero nadie responde jamás. Frente a ese silencio absoluto, algo se quiebra en su percepción: comprende que la búsqueda no consiste en encontrar una entidad lejana, sino en enfrentar una verdad radical y simple: “porque Dios es una mujer desnuda, simple como eso y nada más.”

Este verso, repetido con una naturalidad desgarradora, no es una herejía provocadora ni una superficialidad poética. Es una declaración de intimidad absoluta. Aquí no se trata de ropajes, dogmas o templos; se trata de presencia, de cercanía, de cuerpo y esencia. La desnudez no es solo ausencia de vestiduras, es la devolución de Dios a lo humano, a lo cercano, a lo que puede ser sentido con los sentidos antes que con las ideas.

La canción continúa su travesía: por los túneles de la Tierra, exploraciones subterráneas simbólicas; en los libros de Alejandría, el mito del saber enciclopédico. Nada de ello sirve, nada puede responder a la pregunta esencial. La negación de respuestas convierte al canto en un espejo: lo que no se encuentra fuera, quizá siempre estuvo dentro del buscador, en su percepción y en su necesidad de experimentar lo absoluto.

La elección de una figura femenina desnuda para representar a Dios puede leerse desde múltiples perspectivas. En una sociedad donde la imagen de lo divino ha sido tradicionalmente masculina, solemne, distante, esta canción propone una metáfora profundamente humana y sensorial. Dios es presencia desnuda, sin estructuras, sin intermediarios, sin jerarquías. Es cercanía, es vulnerabilidad, es cuerpo —y por eso es “simple como eso y nada más”. No se busca glorificar la carne, sino señalar que lo absoluto no está cubierto, no está escondido detrás de ortodoxias, sino que está en lo inmediato, en lo perceptible.

No hay testimonio público de que esta letra surgiera de un evento autobiográfico para los miembros de Vox Dei. No se trata de una experiencia mística literal narrada por uno de ellos, sino de una construcción simbólica que encierra una reflexión profunda sobre la espiritualidad moderna: nos hemos pasado siglos preguntando dónde está Dios, y esta canción sugiere que el error no está en iniciar la búsqueda, sino en creer que las respuestas se hallan fuera de nosotros. El silencio de la catedral, la falta de respuesta desde los libros de Alejandría, e incluso la imagen del fondo del mar vacío, son símbolos que ilustran la desolación del alma contemporánea.

Musicalmente, el tema cierra el álbum como un susurro sombrío, dejando al oyente con un eco persistente de interrogación. Las imágenes sensoriales de agua, de espacios infinitos y de ausencia resuenan con la tradición filosófica de quienes han buscado a Dios en el pensamiento, en la naturaleza, en la experiencia íntima. Pero aquí, en la propuesta de Vox Dei, la búsqueda culmina en un giro radical: lo divino no está escondido, sino revelado en su forma más pura, como una mujer desnuda. Esa revelación no es reductiva ni cosificante; es radicalmente humana y profundamente metafísica.

Tema musical incluido en el #expediente 125, del 16.01.2026

Recopilación
El PELADO Investiga
# EXPEDIENTE 125

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