
En la narrativa del horror, las primeras víctimas suelen ser los más vulnerables. Ya sea en relatos sobre vampiros, zombis o demonios, las fuerzas del mal se manifiestan primero entre aquellos que menos recursos tienen. Esta representación no es casualidad; el género del terror, al igual que otros productos culturales, refleja los miedos y tensiones de la sociedad en la que surge.
Uno de los casos más emblemáticos de esta tendencia es “El horror oculto” de Lovecraft, publicado en 1923, en este relato, los habitantes empobrecidos de Lefferts Corners son diezmados por criaturas monstruosas que emergen de la tierra. A lo largo del cuento, alrededor de 75 personas mueren o son mutiladas horriblemente, sin que el narrador muestre una verdadera empatía por ellas. La matanza parece ser una mera nota al pie dentro de la historia, algo inevitable y casi insignificante.
En la visión de Lovecraft, influenciada por sus prejuicios personales y el contexto de su época, la pobreza está asociada con la degeneración. En el cuento, la verdadera conmoción del narrador no ocurre al presenciar la masacre de los aldeanos, sino cuando descubre que una familia aristocrática ha degenerado al mezclarse con las criaturas subterráneas. Este temor a la mezcla de clases y razas refleja ansiedades profundamente arraigadas en el autor, quien veía la pureza de su linaje como algo que debía preservarse.
Este relato, además, puede leerse como un eco de la historia familiar de Lovecraft, quien provenía de una familia venida a menos. Su abuelo, tras una serie de fracasos financieros, murió dejando a su descendencia en una posición precaria, mientras que su padre sucumbió a la sífilis, una enfermedad que en aquel entonces estaba asociada con la degeneración moral. En este contexto, el miedo de Lovecraft no solo era hacia los pobres, sino hacia la posibilidad de caer en esa condición.
Pero Lovecraft no fue el único en explorar esta idea. En 1942, David H. Keller publicó “La Brida”, donde se narra la historia de otra comunidad rural, Lownsberry Corners, en Pensilvania. Al igual que en Lefferts Corners, sus habitantes son pobres y viven al margen de la sociedad. Sin embargo, Keller introduce una perspectiva más crítica: en su historia, el destino de estos pueblos está ligado a la explotación de los recursos naturales y al abandono por parte de la economía dominante. Aquí, la pobreza no es solo una condición, sino una trampa de la que es imposible escapar.
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El PELADO Investiga
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